¿Por qué no puedo dejar de comer?, ¿por qué como compulsivamente? o ¿por qué no puedo dejar de comer un alimento hasta que termino todo el envase?
Son preguntas que vemos muy frecuentemente en consulta.
Y aunque muchas personas creen que tiene que ver con falta de fuerza de voluntad, la realidad es mucho más compleja… y mucho más humana.
En la mayoría de los casos, comer de forma compulsiva no responde a una necesidad física, sino emocional. A lo largo de nuestra vida, aprendemos (sin darnos cuenta) a utilizar la comida como una forma de regular lo que sentimos. Ansiedad, tristeza, soledad, aburrimiento, rabia… emociones difíciles que encuentran en la comida un alivio rápido y accesible.
En este vídeo, Francesca Román, directora de CENTRUM Psicólogos y experta en Problemas de Alimentación, cuenta cómo el problema no es comer. El problema es cuando la comida se convierte en la única herramienta para gestionar lo que nos pasa por dentro.
Ese aprendizaje no surge porque sí. En algún momento tuvo sentido: quizá no había otras herramientas, o era la única forma disponible de calmarse, en muchas ocasiones ocurre en la infancia. Pero con el tiempo, este patrón puede generar una relación poco saludable con la alimentación, marcada por la culpa, la pérdida de control o la sensación de dependencia.
En psicoterapia, el objetivo no es “quitar” la comida, sino entender qué hay detrás. Identificar qué emociones están activando esa conducta y, sobre todo, aprender nuevas formas de gestionarlas.
Se trata de separar lo emocional de lo nutricional. Devolver a la comida su función original (nutrir y alimentarnos) y ampliar tu repertorio de recursos para cuidarte.
Si sientes que tu relación con la comida no es saludable, no estás solo/a. Y, sobre todo, no es algo que tengas que resolver por tu cuenta.
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